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HERMANO MERO & HERMANA CABRA

PRIMER ANIVERSARIO DE HM&HC

PRIMER ANIVERSARIO DE HM&HC

Pues si, el pasado día 8 de octubre, hizo un año desde que comenzáramos a escribir en esta página, que durante este tiempo ha ido creciendo y llenándose de contenidos; de rutas montañeras, de noticias, de artículos de opinión, de propuestas, etc… Hemos hablado bastante de las montañas, a veces de naturaleza, mucho sobre fotografía, y algo de submarinismo (menos de lo que sería deseable, por lo que espero que esto cambie).

Personalmente, estoy contento con el resultado, sin embargo siempre hay que intentar mejorar, por lo que, como ya habréis visto, hemos modificado el diseño de la página, intentando hacerlo más sencillo y “moderno”. Además, en los próximos artículos podréis ver otros cambios, como por ejemplo, un mayor número de fotografías en las rutas. Y por último, con la finalidad de que vuestra participación sea más directa, hemos habilitado la posibilidad de que los más asiduos a “Hermano Mero & Hermana Cabra” podáis escribir vuestros artículos sin necesidad de la intervención de los administradores.

En pocas palabras, que aprovechando este primer aniversario, hemos querido hacer un “lavado de cara” a la página. Esperamos que os guste el resultado y que nos hagáis llegar vuestras opiniones.

¡¡¡ Un saludo a todos !!!

PORTADA DEL MES DE NOVIEMBRE

Tenemos nueva foto de portada, esta vez de lo más otoñal. Sin embargo, este mes no vamos a proponer ninguna adivinanza; la foto fué tomada hace un par de años, por estas mismas fehas, en uno de los bosques más bonitos que conozco; el robledal que cubre buena parte de la Comarca de Sanabria. Carballos (como llaman aquí a los robles), avellanos, acebos, etc, nos acompañaron en la subida a la Cascada de Sotillo, que aún en esas fechas descargaba miles de litros de agua por segundo... ¿Como será en primavera?

Teníamos en mente regresar a las montañas de Sanabria en Octubre, sin embargo al final no hemos ido... Y no por falta de oportunidad, sino por miedo.

Miedo a no encontrar ese bosque tal como recordábamos, porque a comienzos de mes un incendio arrasó más de un tercio de la superficie del parque natural. Más de 9.000 hectáreas en total; Han ardido lugares como Peña Trevinca (¡ Cuantas ganas de subirla y como se ha resitido !), Moncalvo, Laguna de los Peces (¿Recordáis la niebla que la cubría cuando estuvimos la última vez?), laguna de las Yeguas (estaba bonita desde aquella cabaña en lo alto, ¿verdad Fátima?), el Cañón del Tera, Cárdenas (el cañón, donde nos ladraba aquel perro, ¿recuerdas Joaquín?), Cabezo de San Martín (supongo que el refugio del Club Zamorano, tan bien cuidado, habrá ardido)... Todo eso ya no existe nada más que en nuestros recuerdos.

La versión oficial dice que fueron los ganaderos. Alguna gente de la zona opina que fueron los propios retenes, que si no tienen fuegos que apagar, no tienen trabajo (¡¡¡ Como si les fueran a faltar los incendios !!!), también he oído que los que promueven la creación de una estación de esquí en la zona estaban interesados en que no hubiera nada que proteger, que los políticos y las administraciones no ofrecieron suficientes medios... Pero yo también acuso, con todo mi desprecio, a quellos, ecologistas de pacotilla, políticos teñidos de verde y medios de comunicación, que hace un tiempo se rasgaban las vestiduras, organizaban manifestaciones y gritaban "Nunca Mais" por un terrible desastre ecológico, pero que hoy, ante otro desastre, si cabe más grave, cuando arde Cazorla, Sierra Nevada, Gredos El Alto Tajo o Sanabria, callan, miran para otro lado y hacen lo posible por ocultar el alcance de lo ocurrido, habiendo, como hay, incluso muertos de por medio.

Entre todos la mataron y ella sola se murió... Me refiero a la naturaleza, claro.

Pero volviendo al tema de nuestra portada; el pequeño arroyo de la fotografía no estaba en la zona "siniestrada". Se ha salvado,... De momento. Quizás el próximo verano, todos los que NO eran culpables del incendio, tengan más suerte y puedan acabar su trabajo, así que aprovechad para conocer cuanto antes este tesoro escaso. Quizás el otoño que viene no quede nada por ver ni por recordar.

PEÑA DE LA CABRA POR SU VERTIENTE SUR

PEÑA DE LA CABRA POR SU VERTIENTE SUR

“Sierra Pobre de Madrid” es una forma bastante poco original de definir al grupo de montañas que, desprendiéndose del macizo principal de Ayllón se encuadran entre el curso medio del río Lozoya y el alto del Jarama. Sin embargo, este nombre tiene su razón de ser en la despoblación, el menor grado de desarrollo económico, menor dotación de infraestructuras, y de afluencia de turismo que sufre esta zona, en comparación con sus vecinos de la Sierra de Guadarrama… Y todo ello a menos de 100 km de la capital.

Todo esto conlleva que el caminante se encuentre con una naturaleza bastante salvaje y bien conservada, con pocos senderos, y escasez de visitantes.

En esta ocasión vamos a ascender a la cumbre de Peña de la Cabra, cumbre bastante visible desde casi todo el Valle de Lozoya, y situada en el cordal occidental de la herradura, o circo montañoso que rodea Puebla de la Sierra, y que de forma redundante se conoce como “Sierra de la Puebla”.

Si bien esta montaña es bastante visitada por la ruta que partiendo del Puerto de la Puebla, recorre su vertiente norte, la ruta que vamos a hacer nosotros es inédita y poco conocida, transcurriendo en parte fuera de sendero. Para ello tendremos que acercarnos a la vertiente sur de la montaña, desde la población de El Berrueco, o desde Manjirón, para después tomar la carretera que desde Robledillo de la Jara se dirige hacia La Puebla. Después de subir un pequeño puerto, la estrecha carretera comienza a descender hasta el Arroyo Riato. Ya durante la aproximación en el coche podremos disfrutar de unas estupendas vistas sobre el estrecho desfiladero al que descendemos.

Podemos dejar los coches nada más cruzar el puente que salva el escaso cauce. Justo a su lado existe una fuente adosada a un depósito de agua, y una pequeña explanada para unos tres vehículos.

Comenzamos a caminar siguiendo la carretera, hasta alcanzar una curva a la izquierda bastante cerrada y que atraviesa un espolón rocoso. Trepamos por el talud de la carretera y seguimos el espolón.

El terreno esta cubierto de roca y jara, no existiendo sendero, por lo que tendremos que buscar el terreno más cómodo para avanzar. En cualquier caso no hay duda de la dirección; siempre hacia arriba, siguiendo el cordal secundario sobre el que nos encontramos.

Llega un momento en que la pendiente pierde inclinación y el terreno se despeja en las cercanías de un pequeño resalte en el cordal (cota 1.387). Desde este punto y por primera vez en nuestro recorrido podemos ver el primero de los escarpados circos que delimitan la vertiente oeste de Peña la Cabra.

Podemos recorrer el mencionado resalte por su parte más alta, o bien rodearlo por el borde del pinar que existe a su derecha (sur). En cualquier caso llegamos a un collado que precede al Horcajo Cimero (1.669 m), ya en el cordal principal de Peña Cabra.

Desde el collado donde nos encontramos, esta cota tiene la apariencia de una pared rocosa y descompuesta, aunque si nos acercamos más, veremos que su inclinación es menor de lo que aparenta. Sin embargo, la mejor forma de acceder a lo alto de la loma principal es por una ancha canal, herbosa en su parte baja y rocallosa en la alta, situada a la izquierda de esta pared. Ascendemos por la canal, que en fuerte pendiente nos deposita al norte de la cumbre del Horcajo, en el amplísimo Collado Llano. Hasta aquí habremos tardado una hora y media aproximadamente desde el inicio de la marcha.

Desde este Collado podemos observar la asimetría de esta montaña; por un lado su vertiente este, la que da al río de la Puebla, es una loma redondeada cubierta de pastos y bosques de repoblación, mientras que la vertiente oeste es mucho más vertical y abrupta.

También podremos observar desde aquí la respetable cuesta que nos va a tocar subir, unos 250 metros de desnivel en un corto espacio, pero tras la cual habremos finalizado la parte más dura del recorrido. Así pues, atacamos la pendiente, bien por los restos de sendero que se aprecian por la ladera de la derecha, o bien por su parte más alta, que aunque resulta más incómoda, nos deparará unas vistas mucho mejores.

Cuando hayamos sobrepasado la parte más inclinada de la loma, esta se estrecha, afilándose por su parte más alta, lo que nos exigirá en algún momento ayudarnos de las manos. Sin embargo nunca nos llegará a presentar verdaderas dificultades, dándonos más diversión que problemas (eso si, siempre que no haya hielo, cosa por otro lado extraña, dada la escasa altura de este macizo). En cualquier caso, si en algún momento preferimos evitar la facil cresta, solo tenemos que perder algo de altura hacia nuestra derecha, para continuar ascendiendo por el senderillo que a media ladera se dirige hacia la cumbre.

Pasamos por un par de resaltes adelantados hacia el oeste, por lo que merece la pena acercarse a ellos, dado que las vistas sobre las llamadas “canales de Peña Cabra” son impresionantes. Realmente el terreno parece propio de altitudes mucho mayores. Llama especialmente la atención una larga y afilada cresta que casi desde el fondo del valle sube hasta nuestra altura, definiendo claramente dos circos; el primero que ya habíamos visto antes y otro, si cabe más vertical que el anterior, situado entre esta cresta y la cumbre principal de la montaña.

De esta forma, al cabo de otra hora y media aproximadamente (a paso relajado y disfrutando del paisaje), desde Collado Llano, llegaremos a la amplia cumbre de Peña Cabra (1.831 m), donde existe un vértice geodésico. Desde Collado Llano hasta aquí, habremos tardado una hora y media aproximadamente, a paso tranquilo.

Las privilegiadas vistas que desde aquí tenemos abarcan, desde los montes adyacentes al pantano del Atazar, al sur, todo el valle del Lozoya al Oeste, y el macizo de Ayllón al norte, hasta el cordal del Porrejón, Tornera y Centenera, hacia el este, al otro lado del valle de la Puebla.

Para descender debemos dirigirnos hacia una canal, ocupada por una pedrera, que tiene su inicio unos cuantos metros al noreste de la cumbre. Descendemos por la pedrera con facilidad, gracias al sendero bien trazado que recorre su lado derecho, hasta llegar a las amplias praderas del collado que se extiende bajo el pico. Desde aquí, la cara norte de Peña la Cabra parece una reproducción a pequeña escala de algún pico Pirenaico, con sus dos características pedreras flanqueando la pared rocosa que cae desde la cumbre.

Continuamos en dirección noroeste, siguiendo el cordal, bien por su parte más alta, o bien a media ladera, por sendero muy marcado y cómodo, traspasando una altura secundaria (cota 1.712), hasta llegar a otro amplio collado, el de la Tiesa, atravesado por una pista forestal.

Seguimos la pista, que abandona lo alto del cordal para dirigirse hacia la cabecera del valle del Arroyo Riato, por el que poco después descenderemos. Dicha cabecera; un pequeño collado hasta donde llega el pinar de repoblación, separa Peña El Aguila de la cuerda que desde Peña Cabra se dirige hacia el Puerto de la Puebla. Pocos metros antes de dicho collado encontramos un cruce de pistas (media hora desde la cumbre); una lo cruza, y en dirección norte se dirige al mencionado puerto, la otra, que es la que seguiremos, se interna en el bosque, descendiendo hacia el sur, por la ladera izquierda del valle.

Encontramos dos cerradas curvas, una primera a la derecha y posteriormente otra a la izquierda, de las que parten otras tantas pistas secundarias. Proseguimos sin hacerlas caso, perdiendo altura poco a poco por nuestra pista, que traza una larga diagonal bajo la ladera de Peña Cabra. Encontramos varias curvas más y un nuevo desvío, que de nuevo ignoramos, tras lo cual, la pista pierde altura de forma más acentuada, dirigiéndose al eje del valle, hasta cruzar el arroyo que lo surca. A los pocos metros encontramos un depósito de agua con fuente, donde podemos recargar nuestras cantimploras.

Continuamos recorriendo la pista forestal, que ahora alterna leves bajadas y subidas, por la ladera contraria a la que traíamos hasta ahora, bajo la cuerda que baja de Peña del Aguila. La pista es larga y monótona, pero al menos tenemos unas impresionantes vistas de los farallones de Peña Cabra. Finalmente, al cabo de unas dos horas desde el cruce donde comenzamos el descenso por el valle, encontramos un cortafuegos que recorre una amplia loma.

Descendemos por el cortafuegos castigando nuestras rodillas, y echando los últimos vistazos a la montaña que hoy hemos subido, hasta que de repente acaba a unos 60 metros sobre la carretera, donde podemos ver nuestros coches. Abandonamos el cortafuegos, bajando sin sendero por la parte derecha de la loma, que está más despejada de matorral, para finalmente, después de destrepar por donde mejor veamos el talud de la carretera (no es complicado), llegar a los coches y dar por concluida nuestra excursión.

DIFICULTAD: Escasa, salvo por el hecho de transcurrir fuera de senderos durante su primera parte, lo que nos obligará a tener buen criterio a la hora de buscar el mejor itinerario. La dificultad puede aumentar considerablemente en caso de introducirnos en las canales y crestas de la cara oeste de Peña Cabra, o en caso de que exista hielo… Aunque dada la escasa altitud de este macizo esta situación raramente se dará.
HORARIO: Unas seis horas, sin contar paradas.
CROQUIS: GOOGLE EARTH
CARTOGRAFÍA: “Sierras de Ayllón y Ocejón”.La Tienda Verde. Año 2002. Escala 1:50.000

Texto y fotos: Hermano Mero

SENDA DEL CARES CERRADA

SENDA DEL CARES CERRADA

Debido a las fuertes lluvias de la pasada semana ha habido un derrumbamiento en la senda del Cares, que ha dejado el camino intransitable por el momento, a la altura de la Riega del Saigu, a 4 km de Puente Poncebos y 8 de Caín.

La Nueva España

Así que ya sabéis todos los que tuvierais pensado hacer esta ruta... Y sobre todo cuidadín, porque a pesar de ser un sendero muy sencillo, transitado por miles de turistas, el camino de "La garganta divina", como la llaman algunos, tiene el triste record de ser la zona de montaña de nuestro país, donde más accidentes mortales se producen.

Y es que un tropiezo con caída desde el sendero hasta el fondo del rio Cares solo puede tener un final...

Fotogafía: www.picoseuropa.net

FOTO DE PORTADA MES DE SEPTIEMBRE - OCTUBRE

Bueno, como hicimos con la foto de portada que tuvimos durante el verano, de nuevo propongo adivinar cual es la montaña que aparece en la imagen.

Sin embargo, dado que la vez anterior creía que la respuesta era bastante sencilla, pero aún así nadie acertó, esta vez daré una pista; "La pequeña parte de esta montaña que se ve en la foto tiene algo de diabólico".

Espero que con esto averigueis la respuesta.

Los chorras de la Sierra emulan a Tolkien

Los chorras de la Sierra emulan a Tolkien

A tenor de las últimas jodiendas de las que hemos tenido noticia, según las cuales piensan utilizar los enormes parecidos entre nuestra querida y siempre vilipendiada Sierra madrileña, y los escenarios del Señor de los Anillos, para hacer no sé qué parida turística monumental, para todos vosotros cuelgo y reproduzco el siguiente enlace, encontrado en el foro de unos colegas de la oficina de Valdemoro, sobre lo que piensan hacer en esta castiza localidad del sur madrileño, por si queréis apoyar la moción.

Mi jefe ha venido a ver qué pasaba ante la hilaridad desatada en la oficina, no os digo más ;-). No tiene desperdicio.

Los trolls de ValdeMORDOR

KURT DIEMBERGER EN MADRID

KURT DIEMBERGER EN MADRID

Kurt Diemberger alcanzó su madurez alpinística en el Chogolisa, de mano del mítico Hermann Buhl y es la única persona viva que puede presumir de tener en su historial la primera ascensión de dos ochomiles vírgenes, el Broad Peak (1957) y el Daulaghiri (1960)

Sin embargo, su carrera está marcada por uno de los episodios más dramáticos del alpinismo moderno, tras el cual afirmó que no volvería a ser el mismo. En 1986, después de hacer cumbre en el K2, la compañera de cordada de Diemberger, Julie Tullis, sufre una caída, arrastrando a su compañero. Es la primera de una serie circunstancias trágicas, que una tras otra obligará al grupo de siete alpinistas que se encuentran en ese momento en la montaña a permanecer atrapados allí durante seis días. Finálmente, tras un desesperado descenso en mitad de un huracán, únicamente el propio Diemberger y Willi Bauer logran escapar con vida. Esa temporada, de las 27 personas que ascendieron al K3, 13 no lograron regresar. Después de aquello el alpinista austriaco dirá: “Hemos realizado nuestro sueño en el K2 y hemos dado todo lo demás a cambio”.

Para todos los interesados en su vida, el propio Kurt Diemberger presentará en Madrid la conferencia “K2. El nudo infinito”. El acto tendrá lugar en la Librería Desnivel, el próximo lunes 26 de Septiembre, a las 19:00 horas.

Librería Desnivel
Plaza de Matute, 6
28012-Madrid
Metro Antón Martín.

¡¡¡ ME FALTAN PIEDRAS !!!

¡¡¡ ME FALTAN PIEDRAS !!!

Esta misma mañana he estado leyendo una conversación mantenida en el foro de Picos de Europa en la que se comentaba cierto fenómeno en el que nunca había reparado y que sin embargo, me ha llamado la atención.

¿Alguna vez habéis bajado desde Collado Jermoso hacía la Vega de Asotín (o La Sotín) por el Argallo Congosto? Yo si, estuve en este precioso rincón de Picos de Europa hace ya un par de años, y recuerdo que es una de las bajadas desde un refugio más incómodas que he hecho nunca. De hecho, al comienzo de la misma pensaba que había errado el camino, al descender por unas placas de roca en las que a veces tenía que ayudarme con las manos.

Pues bien, esa canal, en los años 80, por lo visto (y digo “por lo visto” porque por aquel entonces yo ni había estado en Picos de Europa ni había visto una canal en mi vida) estaba ocupada por una pedrera de grava fina, que ocultaba las mencionadas llambrías y por la que se podía bajar cómodamente hundiendote hasta los tobillos. ¿Dónde están entonces todos las toneladas de guijarros que faltan? Pues cientos de metros más abajo, tapando parcialmente las praderas de la Vega de Asotín.

No es el único caso. También podemos observar el mismo fenómeno en la Canal de Amuesa, o en la de Camburero, en la que ha desaparecido camino y fuente, sepultados por la grava y por supuesto, en el camino a Vega de Urriellu desde Sotres, uno de los senderos más transitados de Picos de Europa, a la altura de la zona conocida como Paré de Quiñones.

¿Y cual es la razón que provoca esta erosión, tan acelerada que en apenas 20 años (menos de unas micras de segundo dentro de la “historia geológica”) se puede percibir de forma apreciable? Pues parece ser que los primeros “sospechosos” somos nosotros, los montañeros. Especialmente aquellos, muchas veces con una gran experiencia a cuestas, que con pinta de grandes profesionales y de estar curtidos en mil batallas, a veces nos cruzamos, bajando las pedreras a todo correr, arrastrando detrás de si miles de esos guijarros, que no solo ponen en peligro a los que estan más abajo o van más despacio, sino que van destruyendo los senderos que muchas veces recorren dichas canales. De todas formas no seré yo quien tire la primera piedra. ¿Quien está libre de culpa y no ha corrido pedrera abajo de esa forma alguna vez?

Pero no hay que simplificar. La razón parece ser otra, o por lo menos parece no ser la única, sobre todo cuando se observa ese mismo proceso de erosión en zonas sin apenas visitantes. Así que, una vez más (y ya son tantas), habría que buscar el porqué, en el cambio climático.

Pensemos que todas esas pedreras, hasta hace poco tiempo, quedaban enterradas bajo la nieve durante gran parte del año, conservándose neveros incluso hasta el mes de agosto. Y no solo eso, sino que las primeras nieves, en lugar de desaparecer al poco tiempo, enseguida quedaban cubiertas de nuevas capas, por lo que se formaba una base sólida y compacta que se fundía, a modo de hormigón con las rocas de la pedrera, dándolas estabilidad y protegiéndolas en caso de aludes y avalanchas. Sin embargo, en las últimas décadas el aumento de temperaturas y la menor presencia de nieve en nuestras montañas ha provocado que esta “protección” sea menor y que los neveros desaparezcan antes, dejando las pedreras desnudas durante un mayor tiempo, provocando los efectos que ya hemos comentado.

En resumen; otra prueba más de que “algo no marcha como debiera” en nuestro planeta. Eso sí, por favor, en montaña, y no solo por las pedreras, hay que evitar atajos y salirse de los senderos. Somos muchos, cada vez más, los que andamos por el monte y nuestro paso se nota menos si todos vamos por el mismo sitio.

Texto: Hermano Mero
Foto portada: Hermana Rana