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HERMANO MERO & HERMANA CABRA

Rutas Sistema Central

Senda circular La Hiruela-Puerto del Cardoso-Pico Bañaderos-La Hiruela

Senda circular La Hiruela-Puerto del Cardoso-Pico Bañaderos-La Hiruela

Llegamos a La Hiruela, un pequeño y coqueto pueblecito que se encuentra en el límite de la provincia de Madrid con Guadalajara, pasando previamente por Gandullas, Prádena del Rincón y Montejo de la Sierra. La villa se ubica en la falda del Alto de Bañaderos, rodeado por los picos de Morra de la Dehesa y Cabeza del Burrial. Se trata de un pueblo ganadero típico, que conserva un importante patrimonio etnológico y mantiene su tejido original prácticamente intacto. Posee rinconcitos de una gran belleza. Los edificios son marcadamente rústicos, de fábrica de laja de pizarra, y huecos con cercos de madera.

El camino comienza detrás de la iglesia de San Miguel, ubicada en la Plaza Mayor. A la izquierda parte una senda GR, que coindice con otro sendero habilitado para senderismo y denominado "Senda de Molino a Molino", de unos cuatro kilómetros y medio, pero que nosotros no vamos a completar en esta ocasión.

Estamos justo en el antiguo camino a El Cardoso de la Sierra, con laderas de bosque de robledales, algunos de considerable tamaño. El camino, prácticamente llano al inicio, transita paralelo a las huertas del Perejón, y luego desciende un poquito por una zona empedrada hasta alcanzar, primero, el Arrollo de la Umbría y, después, el cauce del río Jarama. El puente sobre el Jarama tiene una pinta infame, y ni hablar de cruzarlo con esas dos maderas podridas. Mejor vadear por donde mejor se pueda, y ascender por prados más abiertos hasta el término de El Cardoso (ya en Guadalajara), a unos 400 metros tan sólo.

Una vez en El Cardoso, tomamos alguna calle que descienda hacia el oeste, para alcanzar el puente que cruza el pequeño riachuelo de El Espinar. Traspasamos una portilla metálica que impide el paso del ganado, por lo que hemos de dejarla bien cerrada, y ascendemos algunos metros por un camino ancho y bien trazado, llegando a una zona de prados. Hemos de buscar un sendero bastante perdido que desciende mucho, hasta alcanzar el cauce del río Jarama, y que es el antiguo camino del Puerto de Cardoso. La vegetación que destaca son los robles melojos, los espinos albares y los rosales silvestres.

Vamos por la umbría, remontando suavemente la margen izquierda del río, aunque nosotros dejamos el agua a nuestra izquierda. Caminamos entre robles, admirando algunas pozas de gran belleza en el río, y los extensos e impresionantes pinares de la margen opuesta.

Acabamos llegando a unos prados, donde el camino se pierde casi completamente y se abre el valle; estamos ante un lugar cuajado de helechales y utilizado por la ganadería para el pasto.

Prados de vacas... Y colores de Otoño

Seguimos unos metros más adelante, hasta un punto donde el cauce cambia de orientación, girando hacia el norte. El río se remansa y hay un tronco cruzado a unos 4 metros sobre el cauce, lo único que queda de un viejo puente, que por precaución, también evitamos.

Restos de un puente sobre el Jarama.

Algo más arriba, sin despegarnos de la orilla del río, podemos utilizar un vado para cruzar y llegar al otro lado, encontrándonos con unas ruinas. Una vez allí, habremos de desviarnos unos 10 metros al norte, hasta encontrar un camino invadido por pinos, escobas y brezos, que mediante una pronunciada pendiente nos lleva ladera arriba, hasta encontrarnos con una pista que nos saldrá al paso, y que lleva, en dirección noroeste, hacia una carretera que alcanzamos en pocos minutos.

Dicha carretera lleva, en dirección norte (derecha), al famoso Hayedo de Montejo, y en dirección sur (izquierda) hasta el Puerto del Cardoso, también llamado de Montejo. Nosotros la tomamos hacia la izquierda, pudiendo disfrutar de unas vistas impresionantes del valle del río Jarama. Ascendemos aproximadamente un kilómetro, alcanzando en seguida el puerto, donde hay una cabaña que alberga un retén de incendios.

Nuestra intención es ascender al pico Bañaderos, lo que nos supondrá apenas unos 350 metros de desnivel positivo desde el puerto. Podemos descansar para tomarnos algún tentempié, y enseguida tomar la pista a la derecha de la cabaña, que asciende suavemente. En apenas 30 metros por la pista, ésta se difumina y veremos una señal amarilla en forma de flecha en un pino, que nos indica una leve senda, que gira a la izquierda y que asciende por la loma, atravesando primero el pinar, cuajado en otoño de setas de todo tipo.

Pasamos por la zona denominada Las Majadas, muy cerca de una caseta de vigilancia con un mirador, con estupendas vistas hacia el valle del Lozoya... Desde aquí nos dirigimos hacia la parte más alta de la loma, pasando por varias elevaciones como la de las Picayuelas. El sube-baja no se hace incómodo, siempre y cuando trepemos hasta lo más alto, porque arriba, o hacia la vertiente del Jarama, el camino es más llano, y aunque no siempre es visible, no hay más que seguir toda la loma, viendo en todo momento el pico de Bañaderos como la elevación más pronunciada.

Unos últimos y fáciles repechos, y alcanzaremos la panorámica cumbre del Bañaderos, con unas vistas impresionantes tanto del lado del Jarama, como del lado del Lozoya. Es posible que haya un comedero de buitres por la zona, porque tuvimos la oportunidad de ver a varios muy de cerca, y de hecho, como comimos en la cumbre, luego los vimos acercarse a sobrevolarla, en busca de restos. En la misma cumbre pudimos apreciar la presencia de excrementos y plumas de buitre. Parada corta para la "intendencia", saboreando el paisaje a la vez que la comida, y encontramos el sendero de bajada en dirección sureste, con la posibilidad de ver el Ocejón a lo lejos, si el día está despejado.

La bajada es rápida hasta el Puerto de la Hiruela, y una vez allí se puede, o bien tomar la carretera que llevará hasta el pueblo (a pesar de que da más vueltas) o descender por alguna de las veredas que, desde el mismo puerto, descienden por la ladera izquierda del valle, en busca de una pista que recorre su fondo, pegada al Arrollo de la Fuentecilla.

En caso de perder el sendero, algo que es fácil que ocurra debido a la multitud de trochas de ganado que surcan el valle, tampoco habrá mayor problema, pues tendremos como referencia la carretera, más arriba de nuestra posición, y el fondo del valle, al que iremos acercándonos, atravesando campo a través, hasta que divisamos la pista allá abajo, que lleva cómodamente, entre prados bucólicos, lomas encendidas de fuego y oro en esta época del año, y algunos helechales, al caminito de castaños que flanquea la entrada al pueblo de la Hiruela, donde dejamos el coche.

Llegamos a La Hiruela, un pequeño y coqueto pueblecito que se encuentra en el límite de la provincia de Madrid con Guadalajara, pasando previamente por Gandullas, Prádena del Rincón y Montejo de la Sierra. La villa se ubica en la falda del Alto de Bañaderos, rodeado por los picos de Morra de la Dehesa y Cabeza del Burrial. Se trata de un pueblo ganadero típico, que conserva un importante patrimonio etnológico y mantiene su tejido original prácticamente intacto. Posee rinconcitos de una gran belleza. Los edificios son marcadamente rústicos, de fábrica de laja de pizarra, y huecos con cercos de madera.

El camino comienza detrás de la iglesia de San Miguel, ubicada en la Plaza Mayor. A la izquierda parte una senda GR, que coindice con otro sendero habilitado para senderismo y denominado "Senda de Molino a Molino", de unos cuatro kilómetros y medio, pero que nosotros no vamos a completar en esta ocasión.

Estamos justo en el antiguo camino a El Cardoso de la Sierra, con laderas de bosque de robledales, algunos de considerable tamaño. El camino, prácticamente llano al inicio, transita paralelo a las huertas del Perejón, y luego desciende un poquito por una zona empedrada hasta alcanzar, primero, el Arrollo de la Umbría y, después, el cauce del río Jarama. El puente sobre el Jarama tiene una pinta infame, y ni hablar de cruzarlo con esas dos maderas podridas. Mejor vadear por donde mejor se pueda, y ascender por prados más abiertos hasta el término de El Cardoso (ya en Guadalajara), a unos 400 metros tan sólo.

Una vez en El Cardoso, tomamos alguna calle que descienda hacia el oeste, para alcanzar el puente que cruza el pequeño riachuelo de El Espinar. Traspasamos una portilla metálica que impide el paso del ganado, por lo que hemos de dejarla bien cerrada, y ascendemos algunos metros por un camino ancho y bien trazado, llegando a una zona de prados. Hemos de buscar un sendero bastante perdido que desciende mucho, hasta alcanzar el cauce del río Jarama, y que es el antiguo camino del Puerto de Cardoso. La vegetación que destaca son los robles melojos, los espinos albares y los rosales silvestres.

Vamos por la umbría, remontando suavemente la margen izquierda del río, aunque nosotros dejamos el agua a nuestra izquierda. Caminamos entre robles, admirando algunas pozas de gran belleza en el río, y los extensos e impresionantes pinares de la margen opuesta.

Acabamos llegando a unos prados, donde el camino se pierde casi completamente y se abre el valle; estamos ante un lugar cuajado de helechales y utilizado por la ganadería para el pasto. Seguimos unos metros más adelante, hasta un punto donde el cauce cambia de orientación, girando hacia el norte. El río se remansa y hay un tronco cruzado a unos 4 metros sobre el cauce, lo único que queda de un viejo puente, que por precaución, también evitamos. Algo más arriba, sin despegarnos de la orilla del río, podemos utilizar un vado para cruzar y llegar al otro lado, encontrándonos con unas ruinas. Una vez allí, habremos de desviarnos unos 10 metros al norte, hasta encontrar un camino invadido por pinos, escobas y brezos, que mediante una pronunciada pendiente nos lleva ladera arriba, hasta encontrarnos con una pista que nos saldrá al paso, y que lleva, en dirección noroeste, hacia una carretera que alcanzamos en pocos minutos.

Dicha carretera lleva, en dirección norte (derecha), al famoso Hayedo de Montejo, y en dirección sur (izquierda) hasta el Puerto del Cardoso, también llamado de Montejo. Nosotros la tomamos hacia la izquierda, pudiendo disfrutar de unas vistas impresionantes del valle del río Jarama. Ascendemos aproximadamente un kilómetro, alcanzando en seguida el puerto, donde hay una cabaña que alberga un retén de incendios.

Nuestra intención es ascender al pico Bañaderos, lo que nos supondrá apenas unos 350 metros de desnivel positivo desde el puerto. Podemos descansar para tomarnos algún tentempié, y enseguida tomar la pista a la derecha de la cabaña, que asciende suavemente. En apenas 30 metros por la pista, ésta se difumina y veremos una señal amarilla en forma de flecha en un pino, que nos indica una leve senda, que gira a la izquierda y que asciende por la loma, atravesando primero el pinar, cuajado en otoño de setas de todo tipo.

Comenzando la subida al Bañaderos

Pasamos por la zona denominada Las Majadas, muy cerca de una caseta de vigilancia con un mirador, con estupendas vistas hacia el valle del Lozoya... Desde aquí nos dirigimos hacia la parte más alta de la loma, pasando por varias elevaciones como la de las Picayuelas. El sube-baja no se hace incómodo, siempre y cuando trepemos hasta lo más alto, porque arriba, o hacia la vertiente del Jarama, el camino es más llano, y aunque no siempre es visible, no hay más que seguir toda la loma, viendo en todo momento el pico de Bañaderos como la elevación más pronunciada.

Unos últimos y fáciles repechos, y alcanzaremos la panorámica cumbre del Bañaderos, con unas vistas impresionantes tanto del lado del Jarama, como del lado del Lozoya. Es posible que haya un comedero de buitres por la zona, porque tuvimos la oportunidad de ver a varios muy de cerca, y de hecho, como comimos en la cumbre, luego los vimos acercarse a sobrevolarla, en busca de restos. En la misma cumbre pudimos apreciar la presencia de excrementos y plumas de buitre. Parada corta para la "intendencia", saboreando el paisaje a la vez que la comida, y encontramos el sendero de bajada en dirección sureste, con la posibilidad de ver el Ocejón a lo lejos, si el día está despejado.

La bajada es rápida hasta el Puerto de la Hiruela, y una vez allí se puede, o bien tomar la carretera que llevará hasta el pueblo (a pesar de que da más vueltas) o descender por alguna de las veredas que, desde el mismo puerto, descienden por la ladera izquierda del valle, en busca de una pista que recorre su fondo, pegada al Arrollo de la Fuentecilla.

Valle de Bajada a la Hiruela

En caso de perder el sendero, algo que es fácil que ocurra debido a la multitud de trochas de ganado que surcan el valle, tampoco habrá mayor problema, pues tendremos como referencia la carretera, más arriba de nuestra posición, y el fondo del valle, al que iremos acercándonos, atravesando campo a través, hasta que divisamos la pista allá abajo, que lleva cómodamente, entre prados bucólicos, lomas encendidas de fuego y oro en esta época del año, y algunos helechales, al caminito de castaños que flanquea la entrada al pueblo de la Hiruela, donde dejamos el coche.

Castaño vestido de Otoño

 

 

Nota importante: La descripción de esta ruta procura dar la información lo más precisa posible, pero siempre basada en la experiencia del autor, por lo que sus apreciaciones pueden ser subjetivas. Esta descripción y los croquis que contiene no pueden sustituir a un mapa de la zona. Es recomendable buscar otras fuentes de información, como libros y guías de montaña especializados, para hacernos una idea lo más aproximada posible de la ruta y decidir si está dentro de nuestras posibilidades o no. Es imprescindible tener la experiencia, el conocimiento, la formación y el material adecuado para realizar esta actividad. Valora tu forma física y tus conocimientos sobre como moverse en montaña, informate sobre la climatología y actúa con prudencia, no excediendo tus capacidades. Aún así el montañismo es una actividad que conlleva un riesgo intrínseco, por lo que, si decides realizar esta ruta, ten en cuenta que cada uno es responsable de las elecciones que toma, de si mismo y de su seguridad. Es exclusiva responsabilidad de quien pudiese utilizar esta información los posibles percances que pudiera sufrir como consecuencia del desarrollo de una actividad basada en el uso de esta descripción de una ruta de montaña.

Texto: Hermana Cabra

Fotos: Hermana Cabra

Mapa: IGN

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SIERRA DEL QUINTANAR CON RAQUETAS DE NIEVE

Hay días especiales en la montaña. Como ya escribí hace un tiempo en otro post, hay días en los que te sientes “un campeón en la intimidad”, en los que sobran todas las medallas, salvo el viento frío en la cara, el jadeo del esfuerzo realizado y la luz limpia de la cumbre.

Los que creen en un dios, sea el que sea, supongo que dirán que son esos días en los que sienten su presencia. Otros sentirán que en ese momento forman parte de la naturaleza que les rodea. Yo no se explicar que es lo que encuentro en esos días. Pero tampoco me hace falta. Me basta con la emoción de estar donde estoy…. Porque esos días la recompensa al cansancio es una inmensa felicidad.

Cuando hice la ruta que hoy reseño todo se confabulaba para que fuese uno de esos días: Era un viernes, por lo que como auténticos privilegiados pudimos disfrutar de la montaña en soledad, lo que nos permitió incluso tropezarnos con un grupo de corzos. La sierra se mostraba espléndida, cubierta de blanco por las recientes nevadas, la compañía (JM, “amigo mío”) era la mejor de las posibles, y encima la cumbre elegida era el último de los dosmiles principales del Guadarrama que me faltaba por ascender.

¿Y que significa que fuera el último dos mil?... Pues absolutamente nada, salvo que es la prueba que por muchos años que pasen siempre quedarán rincones y caminos por descubrir en esta sierra, “vieja amiga”.

El objeto de la excursión no lo teníamos muy definido, tan solo sabíamos que tenía que ser por la zona de San Rafael y el Valle del Río Moros. Pero cuando llegamos allí la cosa estuvo clara:

La Sierra de Quintanar, con sus 2.004 m de altura, su relieve alomado y sus laderas descarnadas y privadas en gran parte de la cubierta boscosa que protegen al resto de cumbres de la zona puede considerarse algo así como “la pariente pobre” de su vecina, la Sierra de la Mujer Muerta, y raramente es visitada si no es aprovechando que se ha recorrido este último grupo de cumbres, y ni aún así, porque bastante dura es esa ruta de por sí como para hacer esfuerzos extra.

Sin embargo, esta vez, la normalmente poco atractiva cumbre estaba cubierta de un manto blanco desde bastante abajo, otorgándola la dimensión que realmente tiene y se merece: Ese era el día para disfrutar de ella.

 

Horario: Unas 8 horas, en condiciones invernales, con nieve a partir de los 1.400 m aproximadamente. Equipados con raquetas de nieve. La duración puede variar mucho dependiendo de cuanta nieve y en que condiciones esté.

Desnivel: Unos 800  metros de subida y bajada.

Dificultad: Prácticamente toda la ruta transcurre por pistas, cortafuegos o caminos anchos, por lo que la orientación es sencilla, incluso con nieve. La ruta es dura, recorriendo una distancia de casi 25 km. Como siempre, ojo en invierno, si las condiciones lo requieren, hay que llevar (y saber usar) material invernal.

 

La ruta discurre íntegramente por la vertiente segoviana de la Sierra de Guadarrama, y más concretamente por el Valle del Río Moros, al que se accede por carretera desde la población de San Rafael, y después de atravesar el núcleo de La Estación del Espinar.

Abandonamos el coche en el aparcamiento de La Panera y comenzamos a caminar por la carretera hacia el fondo del valle. En seguida cruzamos el Río Moros por un puente y continuamos la marcha, aún por asfalto, hacía la derecha. A los pocos metros encontramos una barrera que impide el acceso a los vehículos no autorizados. Nada más cruzar esta barrera encontraremos las señales blancas y rojas del sendero GR-88, de la Cañada Real Leonesa, y que no abandonaremos hasta el Puerto de Pasapan.

Las señales nos indican que abandonemos la pista por un estrecho sendero que sube por el terraplen de la izquierda y que durante unos metros parece retroceder hacia el oeste. Sin embargo pronto llegamos a lo que parce un ancho carril de saca de pinos, por el que debemos subir.

En principio la inclinación es muy fuerte, y el terreno, de piedra suelta, incómodo, pero poco a poco la subida se va suavizando, a la vez que el carril se va convirtiendo en un cortafuegos, que recorre la parte alta de la loma, hasta que llegar a un amplio collado.

Continuamos la ascensión por la interminable loma, en dirección norte y noreste, hasta llegar al Alto del Casetón, donde disfrutaremos de unas espectaculares vistas de todo el Valle y de las cumbres que lo rodéan, las Cumbres cercanas al Collado de la Sevillana, Peñota, Peña del Aguila, Peña Bercial, Montón de Trigo, Mujer Muerta, y justo al norte, sobre nosotros, el objetivo del día, La Sierra del Quintanar. Hasta aquí habremos tardado unas dos horas y media.

En el Alto del Casetón.

Abandonamos en dirección norte la llanada donde nos encontramos. Tras subir unos pocos metros, la pista, cuyo trazado coincidía hasta ahora con el del cortafuegos, gira a la derecha y abandona este, iniciando un largo flanqueo en dirección este, bajo las laderas del Puerto de Pasapán.

Al fondo, Peñota y Peña del Aguila.

A lo lejos, las cumbres de la Sierra de Malagón

Tras unos dos Km de flanqueo llegamos a una cerrada curva, de donde sale otro camino, más estrecho que el que nosotros llevamos. Por el momento ignoramos este camino, y continuamos por nuestra pista, haciendo la mencionada curva, para encarar la última rampa antes de llegar al puerto.

Llegando al Puerto de Pasapán

Finalmente, tras una hora aproximadamente desde el Alto del Casetón, llegamos al Puerto de Pasapán. La pista forestal y el GR bajan a partir de aquí hacia la llanura segoviana, que se extiende antes nuestros ojos. Nosotros en cambio nos entretenemos en observar las nevadas laderas norte de las cumbres de la mujer muerta; El Pico Pasapán y la Peña del Oso. La tercera de las cumbres, la Pinareja queda oculta a nuestra vista.

En el Puerto de Pasapán. Mujer Muerta al fondo.

Por cierto, que por la Cordillera Cantabrica y Picos de Europa, el topónimo “pan”, o “pando”, quiere decir, paso, puerto o collado, por lo que me pregunto si el nombre del lugar donde nos encontramos no tendrá el mismo origen; por lo que “Pasapan” vendría a significar algo así como “pasa el puerto”, o “pasa el collado”.

Continuamos nuestra ruta por una pista que asciende por la ladera sur del Quintanar. A los 500 m aproximadamente desde el puerto, la pista hace una cerrada curva y se dirige al noroeste, hasta cruzar un muro de piedra por una portilla al efecto.

Hacia la cumbre. Al fondo la Peñota.

En este punto abandonamos la pista y subimos por la ladera, buscando el camino más cómodo pero manteniéndonos cerca del muro de piedra, que nos llevará a una caseta medio en ruinas situada en la cumbre. Esta cumbre, de 1.998 m, es la segunda en altura de la Sierra del Quintanar. La cumbre principal, inmediatamente al Oeste, es nuestra meta.

Llegando a la cumbre secundaria.

Por tanto, reemprendemos la marcha perdiendo altura y buscando el terreno más cómodo, siempre sin perder de vista el muro de piedra, y en dirección al cercano collado que separa ambas cumbres. Una vez en el, iniciamos nuestra última y corta subida, hasta alcanzar la cumbre. Habremos tardado algo más de una hora desde el puerto.

Desde la cumbre secundaria, hacia la principal.

Ningún vértice geodésico, ni mojón, ni nada, salvo el hecho evidente de que estamos en el punto más alto, identifica esta cumbre, que en el mapa del IGN se llama “Majada Pielera”. Justo en la cumbre se unen varios muretes de piedra, y ante nosotros tendremos unas estupendas vistas hacia la llanura segoviana, la Mujer Muerta (incluida, esta vez sí, la Pinareja), y todas las más altas cumbres del Guadarrama, incluidas Peñalara, Cabezas de Hierro, o la Maliciosa. Tampoco nos costará demasiado distinguir, en dirección contraria, las cumbres de Gredos Oriental y la Sierra de la Paramera, el Zapatero y la Serrota.

En la cumbre. Al fondo Mujer Muerta.

¡¡¡ Cumbre !!!

En la cumbre. Al fondo se adivina

Pinos cerca de la cumbre.

Una vez hayamos disfrutado de la cumbre, emprendemos el regreso, volviendo sobre nuestros pasos. No hace falta que subamos hasta la caseta en ruinas, porque si estamos atentos veremos que una pista medio perdida baja desde la misma y a menor altura rodea el cerro por su cara norte. En realidad se trata de la pista que abandonamos durante la subida a la altura de una portilla. La recorremos hasta la mencionada portilla, y continuamos por terreno ya conocido hasta el puerto de Pasapán. Seguimos el descenso por la pista que hasta la curva cerrada que nos encontramos durante la subida y de la que salía otro camino. Desde la cumbre habremos tardado aproximadamente otra hora.

Iniciamos el regreso. El Guadarrama al fondo.

De regreso. Peña del Aguila y la Peñota.

En este punto, abandonamos el itinerario que usamos al subir, para tomar este camino, algo más estrecho y que flanquea el Pico Pasapán por su ladera sur, hasta alcanzar una loma que dicha cumbre lanza hacia el sur. En este punto el camino traza una curva a la izquierda, para ajustarse a la curva de nivel. Aquí abandonamos el camino hacía abajo, por lo alto de la loma, siguiendo un cortafuegos.

La bajada se suaviza en un rellano, llamado en el mapa del IGN Cerro Pajoso, y que al estar situado justo en el centro del Valle, tiene unas vistas estupendas. En este punto la loma que traíamos se divide en dos; un ramal, mucho más claro y marcado se dirige al suroeste, mientras que otro, menos claro, lo desciende hacia el sureste. Es por este segundo por el que tenemos que seguir.

Parte alta del Valle del Rio Moros desde el Cerro Pajoso.

La Mujer Muerta desde el Cerro Pajoso.

Este punto es el más confuso, en lo que a orientación se refiere, de toda la ruta, dado que si estamos haciendo la ruta con nieve no veremos ningún camino ni cortafuegos que nos sirva de referencia. En cualquier caso, solo tenemos que mantenernos sobre la parte más elevada de la loma, cubierta totalmente de pinar, hasta alcanzar una pista forestal, justo donde esta traza una suave curva. Cruzamos la pista y continuamos descendiendo por la parte alta de la loma. Poco a poco, se hará más evidente la existencia de un camino poco marcado, hasta que lleguemos a las cercanías de un pequeño refugio abandonado, el de las Tabladillas. Un poco más abajo se encuentra la pista principal del valle, que viene del embalse del mismo nombre. Hasta este punto habrá pasado algo menos de una hora.

Tan solo nos resta recorrer esta pista hacia el oeste, durante algo más de una hora y unos 5,5 km. Durante este recorrido pasaremos junto a los refugios del Raso, El Guijo y Puente Negro. Finalmente llegaremos a la portilla metálica que cruzamos al inicio de la excursión, al desvío que lleva a aparcamiento de la Panera y finalmente a este, donde nos espera nuestro coche, dando por finalizada la excursión.

 

Texto y fotos: Hermano Mero

Croquis y track (wikiloc)

 

Nota importante: La descripción de esta ruta procura dar la información lo más precisa posible, pero siempre basada en la experiencia del autor, por lo que sus apreciaciones pueden ser subjetivas. Esta descripción y los croquis que contiene no pueden sustituir a un mapa de la zona. Es recomendable buscar otras fuentes de información, como libros y guías de montaña especializados, para hacernos una idea lo más aproximada posible de la ruta y decidir si está dentro de nuestras posibilidades o no. Es imprescindible tener la experiencia, el conocimiento, la formación y el material adecuado para realizar esta actividad. Valora tu forma física y tus conocimientos sobre como moverse en montaña, informate sobre la climatología y actúa con prudencia, no excediendo tus capacidades. Aún así el montañismo es una actividad que conlleva un riesgo intrínseco, por lo que, si decides realizar esta ruta, ten en cuenta que cada uno es responsable de las elecciones que toma, de si mismo y de su seguridad. Es exclusiva responsabilidad de quien pudiese utilizar esta información los posibles percances que pudiera sufrir como consecuencia del desarrollo de una actividad basada en el uso de esta descripción de una ruta de montaña.

GREDOS; ENTRE EL PUERTO DEL PEÓN Y EL DEL ARENAL

GREDOS; ENTRE EL PUERTO DEL PEÓN Y EL DEL ARENAL

No necesitamos ninguna excusa para hacer esta ruta, pero en el caso de que la buscáramos, no encontraríamos una, sino varias; conocer dos caminos de paso tradicionales muy bien conservados, como son el Puerto del Peón y el del Arenal, ascender el Peñón del Mediodía (2.219 m), la cumbre más elevada de Gredos al oeste del Puerto del Peón, y por último, conocer los espectaculares valles, cubiertos de bosque, que se alzan sobre los pueblos del Hornillo y el Arenal.

 Para ello, llegamos con el coche hasta el pueblo del Hornillo (Ávila), y justo antes de entrar en el casco urbano tomamos una carreterita forestal que nos deposita en la plataforma de Mingo Fernando, donde nos preparamos para realizar esta ruta circular de dos días, que conocimos gracias al Foro de Sistema Central y a los compañeros David y Malicioso.

 

PRIMER DIA. Mingo Fernando – Peñón del Mediodia – Alto de las Campanas

Horario: Unas 8:30 horas de marcha, sin contar paradas

Denivel: Unos 1300 m

Dificultad: Poca, salvo por el esfuerzo a realizar. Caminos bien señalizados y trazados, o cordal de facil orientación, salvo en algún punto. En condiciones invernales, la cosa puede cambiar.

Comenzamos a caminar por el camino que surge del mismo aparcamiento, y que, marcado como sendero de pequeño recorrido (PR-AV 18), nos conducirá hasta el mismo puerto del Peón en unas 3 horas de marcha. Pero no adelantemos acontecimientos, para llegar al Puerto aún queda mucho.

El camino por el que caminamos bordea la valla de una finca y poco después, tras sobrepasar unos prados que vemos a nuestra derecha, entramos en el pinar y nos encontramos con un refugio en regular estado.

Al lado del refugio hay un cruce de caminos; un ramal se dirige a la orilla del río Cantos, que tenemos muy cerca, y otro mas a la derecha, sigue en la misma dirección que traíamos. Cogemos este último.

Pronto veremos una bonita cascada. Nos acercamos a verlas, pero teniendo en cuenta que el camino gira a la derecha unos metros antes de llegar a ella. 

Cascada al poco de comenzar el camino

A partir de este punto el sendero se empina y comienza a ganar altura entre el pinar, haciendo varias zetas, hasta llegar a una pista forestal. Cruzamos la pista y continuamos nuestro camino, que pronto se introduce en la vaguada del Arroyo de las Alforzas.

Cruzamos el arroyo. A partir de este momento, el pinar es cada vez más escaso y empieza a ser sustituido por los piornos, mientras que vamos teniendo vistas, cada vez más espectaculares, del espaldar de los Galayos.

Subiendo al Puerto del Peón

 Espaldar de los Galayos 

 El gran Galayo de fondo

El camino, muy bien trazado y empedrado durante bastantes tramos, termina por salir de la vaguada y nos lleva a una zona ocupada por grandes bloques de roca, que constituyen un estupendo mirador de la zona de los Galayos y del río Cantos.

 A partir de aquí atacamos una amplia loma, terminada la cual volvemos a ver, esta vez desde más alto, el arroyo de las Alforzas. Muy cerca del sendero encontramos la fuente del Peón Bajo.

Una mirada atrás

El camino sigue su ascensión, hasta llegar a un punto donde pierde algo de altura y se encuentra con la fuente del tío Feolo. Justo después, volvemos a recuperar la altura perdida, por una zona preciosa, donde la roca, la hierba y el agua se unen, teniendo siempre como fondo la zona de los Galayos y la Mira, que comienza a intuirse. De esta forma llegamos a la fuente de Herveros, con varios pilones escalonado y que invita a un descanso, a estas alturas merecido.

 Gran Galayo, canal Seca y canal Reseca

 Solo nos queda afrontar un par de cuestas más y por fin, nos encontramos en el Puerto del Peón. Aquí podemos observar el contrate entre las vertientes norte y sur de la sierra; por un lado suaves lomas y largos valles, en dirección a los pueblos de la cara norte, y por el otro, laderas mucho más verticales, y el fondo de los valles de una vegetación exuberante.

 Habitantes de Gredos

 Seguimos nuestra excursión siguiendo el Cordal de la Sierra en Dirección Este, hacia la cumbre del Peñón del Mediodia, desde el que tenemos unas vistas increibles en todas direcciones; al Norte el valle del Tormes y la sierra de la Paramera, al Oeste lo que queda de Gredos (que no es poco) en dirección al puerto del Pico y el macizo Oriental, al Sur el Tietar, y al Este el ya familiar macizo de la Mira, y el Circo de Gredos.

 

La mira y los Galayos  

 Circo de Gredos

 Cumbre del Peñón del Mediodia

Continuamos la marcha siguiendo el cordal en dirección al Puerto del Arenal, pasando por el Risco del Aguila y El Mojón de las Tres cruces, para perder inmediatamente después bastante altura.

Hay que decir que en todo este tramo el sendero no está apenas marcado, por lo que tendremos que buscar el mejor camino, procurando buscar siempre la divisoria de vertientes, donde la roca gana terreno al piorno. De lo contrario, y si nos desviamos demasiado hacia la vertiente norte, tendremos que enfrentarnos a esta simpática planta, que en algunos puntos alcanza un espesor bastante considerable, llegando a hacer bastante cansado el avance.

 Dejando atrás el Peñón del Mediodia

  Recorriendo el cordal

Ascendemos a la cota anterior al Puerto de la Cabrilla (el Paredón), pasamos por dicho puerto(merece la pena asomarse a la cara sur para observar la inclinación de la ladera que el camino del puerto tenía que negociar), y por la Peña Cabrilla, que al estar algo desplazada al sur, respecto a la cuerda principal de la Sierra tiene unas estupendas vistas.

Superada Peña Cabrita, continuamos con el cordal, dejando ahora a nuestra izquierda (norte) una zona de pastos, llamada en el mapa del IGN  Llano de las Vacas.  Nada más dejar esta zona detrás, subimos otra pequeña cota, muy llana y cubierta de piorno, sin ninguna cumbre diferenciada, donde volvemos a encontrar señalizaciones de un nuevo PR, esta vez del que atraviesa el Puerto del Arenal. Seguimos estas marcas, que continuan por el cordal, hasta llegar a un collado, con un corral de piedras, donde el sendero cruza a la ladera norte, y rodéa la última cota antes de llegar al Puerto del Arenal, donde un acogedor prado, y un enorme hito, que marca el inicio del camino del puerto, nos dan la bienvenida.

 Desde el puerto del Peón habremos tardado unas cuatro horas y media.

 Puerto del Arenal y Peñita Arenas

Comenzamos el descenso por el camino del puerto, bajo la atenta vigilancia de las paredes de Peñita Arenas. El camino está, si cabe, mejor conservado que el del Puerto del Peón, y así, en continuas vueltas y revueltas que hacen la pendiente muy suave, vamos perdiendo altura, hasta un lugar conocido como vuelta llana, donde el camino gira hacia la izquierda y se introduce en la vaguada del arroyo del Arenal.

 Bajando el camino del Puerto del Arenal

 Peñita Arenas, desde la bajada del Puerto del Arenal

Pasamos por la fuente de Vuelta Llana y por el exiguo cauce del arroyo, para comenzar a recorrer la ladera de Peñita Arenas, en dirección al alto de las Campanas, donde se encuentra el refugio libre de igual nombre, donde llegamos en aproximadamente una hora desde que dejamos el puerto.

 Refugio de las Campanas

 

SEGUNDO DIA. Alto de las Campanas - Mingo Fernando

Horario: 5:30 horas

Denivel: Pequeñas subidas y bajadas a lo largo de todo el recorrido

Dificultad: Poca Pistas forestales, caminos carreteros y sendas, por lo general bien marcadas, aunque algo perdidas en algunos tramos.

Comenzamos a bajar  por la pista que, saliendo del mismo refugio, nos lleva, en dirección sur, hasta el Alto de la Centenera, por donde Cruza la carretera que va del Puerto del Pico al Pueblo del Arenal. Cogemos la carretera en dirección a este pueblo, es decir, hacia la derecha, hasta encontrarnos, a los pocos minutos de caminar (300 m), con otra pista forestal que surge a la derecha de la carretera.

Tomamos esta nueva pista, que se dirige hacia el rio del Arenal, el cual cruzamos por un puente de cemento. Un poco antes habremos visto desde la pista la cascada del Chorrerón.

 Despues de cruzar el puente la pista que traíamos se ve totalmente abandonada y cubierta de hierbas, conviritiéndose poco a poco en un camino casi sin desnivel, que a pesar del estado de abandono es facil de seguir.

  Camino

 La primavera

 El camino cruza varios regatos y rodéa una loma para meterse en la vaguada del arroyo de las Ortigas, por cuyo fondo podemos ver una bonita cascada de varios tramos. Cuando nos acercamos a ella vemos que a sus pies hay una pequeña poza rodeada de una exuberente vegetación.

 Vaguada del arroyo de las Ortigas

 Poza y cascada de la Ortiga

 Un vecino de la zona

El camino continúa, por un bosque cada vez más tupido, mientras que el verde lo invade todo. Sobrepasamos la loma y el arroyo del Andrinal, mientras vemos el pueblo del Arenal al fondo del valle. De repente el camino traza varias zetas ascendentes para salvar la loma que baja de Peña Cabrilla.

 Arroyo del Andrinal

Arroyo del Andrinal

La subida de la loma de la Cabrilla

El pueblo del Arenal y su valle

Seguimos atravesando el bosque

Poco despues llegamos a un cruce de pistas. donde encontramos un cartel señalizando el sendero de pequeo recorrido PR-AV-20. Hay que tomar la pista superior que surge hacia el NO. Poco después atraviesa el río Zarzoso y al cabo, llegamos a un nuevo cartel indicativo, justo donde la pista hace una cerrada curva y comienza a descender bruscamente.

Nosotros abandonamos la pista por un sendero, señalizado con la marca del PR, siguiendo la misma dirección que traíamos. El sendero ahora está tan invadido de vegetación que puede hacer dudar, pero aún se distingue la armadura de piedra que los sustenta. Pronto vemos el arroyo de los Tesillos, el cual cruzamos para encontrarnos con varios corrales abandonados.

Acercandonos al arroyo de los Tesillos

 Nada más cruzar este arroyo, hay un sendero que surge a nuestra derecha, con una indicación en una piedra que dice: al “Cuevo Tesillos”. Subir hasta allí no nos llevará más de 15 minutos, y merece la pena acercarse a este lugar, una antigua majada rehabilitada, con un chozo en estupendo buen estado, incluso para dormir, y varios corrales de piedra. Ademas, la majada está situada en una zona impresionante, bajo las llambrias del "Paredón".

 Los Tesillos

Volvemos al sendero principal, y continuamos por el. Cruzamos el arroyo de los Torneros y el camino se ensancha, momentaneamene, para en seguida volver a convertirse en un sendero, que tras una breve bajada, nos deposita en una pista, que sube en dirección al Collado de la Huerta.

 Vergel en el Arroyo de Torneros

 Hacia el collado de la Huerta

 Subimos por esta pista, hacia la derecha, hasta llegar al collado, dende se unen varias pistas y arrastres de pinos. Nosotros cruzamos el nudo de pistas siguiendo la misma dirección que llevabamos, para seguir un senderillo, señalizado en su comienzo, que en varias revueltas, pierde altura y nos sitúa en otra pista forestal. Cogemos esta pista hacia la derecha, acercandonos al arroyo de Aguas Frias, en cuyo valle nos encontramos.

 Pasamos por un deposito de agua, y llegamos al final de la pista, junto a una pequeña represa. A la derecha de la represa, surge un sendero que asciende pocos metros, para cruzar primero un primer regato , y después el arroyo de Aguas Frias, por el lugar más factible.

 Barranco del Collado de Aguas Frias

 Nada más cruzar el Arroyo, el sendero se convierte en una pista, que va girando hacia la derecha para rodear la ancha loma que se desprende del Peñón del Mediodia. Pasamos por encima de un collado en el que se ve una balsa de agua y continuamos bajando.

Cuando llegamos al fondo de una vaguada se nos une otra pista forestal por la izquierda, la cual ignoramos para seguir por la que traíamos. Finalmente, y en tras recorrer unos 700 m desde el último cruce, encontramos el sendero que une Mingo Fernando con el Puerto del Peón, por el que pasamos el día anterior.

A partir de aquí, solo queda bajar hasta el coche por terreno ya conocido.

Texto y fotos: Hermano Mero

PEGUERINOS Y LOS PINARES LLANOS CON ESQUÍS

PEGUERINOS Y LOS PINARES LLANOS CON ESQUÍS

Con el nombre de Pinares Llanos se conoce al amplio valle, recorrido por el curso alto del Rio Aceña, enclavado entre los montes Escurialenses (la parte mas suroccidental de la Sierra de Guadarrama), y la parte más oriental de la Sierra de Malagón.

Dicho valle, al que se accede desde el cercano pueblo de Peguerinos (Avila), como su propio nombre indica, es de suaves relieves y conforma prácticamente un altiplano que da cobijo a una enorme masa forestal.

La extensa red de pistas, construidas a comienzos de los años 70 a iniciativa del ingeniero-jefe del Distrito Forestal de Ávila durante aquelllos años, D. Javier Delgado Ubeda, unido a los desniveles y relieves poco exigentes y a la protección que para la nieve supone la cobertura arborea, hacen de toda esta zona muy atractiva para la práctica del esquí nórdico.

Como inconvenientes, que como en todos los ámbitos siempre existen, destacan, en primer lugar que para poder esquiar en Pinares Llanos tendremos que escoger días de recientes y abundantes nevadas, dado que la orientación sur del valle y su relativamente modesta altua (aproximadamente entre los 1.400 metros y los 1.903 m de Cueva Valiente, máxima elevación de la Sierra de Malagón, hacen que el deseado elemento no abunde todo lo que quisieramos... Claro que si lo pensamos, esa misma desventaja la tendremos prácticamente en toda la Sierra de Guadarrama, y por desgracia, cada vez de forma más aguda.

En segundo lugar, es de destacar que este rincón en principio tan idílico, es terreno favorito de motoristas y quads, lo que está provocando, ante la desidia y dejación de funciones de las Administraciones Públicas, una más que evidente degradación de laderas y senderos, literalmente destrozados por estas maquinas. Y todo ello, por no hablar de la contaminación acústica que provocan.

Por último, y como otro punto negativo tendríamos el estado de la, no hace muchos años, estupenda red de refugios que cubría estas tierras, que sin ninguna duda era la mejor de la Sierra de Guadarrama. Por desgracia, aquellos que, por la desidia y los elementos no se encuentran en ruinas, gracias a los guarros y vándalos, se han convertido en auténticos basureros inutilizables.

Sin embargo, nada de todo esto es razón suficiente para dejar de disfrutar del espectáculo de Los Pinares Llanos cuando se cubren de nieve.

Las posibilidades sobre esquís de fondo en esta zona son innumerables, pero hoy nos limitaremos a proponer una ruta de escasa dificultad y muy adecuada para inexpertos, dada su poca longitud (11 km), poco desnivel (220 m aprox.) y ausencia de tramos técnicos, subidas o descensos pronunciados.

Para llegar al punto de inicio tendremos que acercarnos hasta Peguerinos (cruzando, si venimos de Madrid, el Puerto de la Cruz Verde y el de La Paradilla). Una vez en el Pueblo, desde la misma plaza mayor, tomamos la carretera que se dirige a los Pinares, en dirección al Puerto de Guadarrama y al de Malagón. En unos cuatro km tenemos que dejar esta carretera y tomar una pista asfaltada, que en pocos minutos nos deja a la entrada del camping de Peguerinos, al lado del cual podremos aparcar nuestro coche. Por cierto, si las condiciones para esquiar son buenas, o sea que esta todo bien nevado, tendremos que contar con que para llegar hasta aquí es posible que nos hagan falta cadenas, o incluso que tengamos que abandonar el vehículo antes.

Los esquís podemos calzárnoslos nada más cruzar una verja con valla de piedra con el cartel de coto privado de caza. Nada más cruzarla comienza la pista que seguiremos durante buena parte de nuestro recorrido. Al principio por una gran pradera rodeada de pinar, y algo más tarde, ya dentro del mismo.

Subimos suavemente por pinar cada vez más frondoso hasta el embalse de Cañada Mojada, y siguiendo siempre por la pista nos internamos en el valle del Arroyo Chuvieco. En un momento dado la pista gira a la derecha dejándonos ver el tupido fondo del valle y más a la derecha la imponente mole de Cueva Valiente.

Poco después llegamos a una preciosa pradera con una fuente a la derecha de la pista, y aproximadamente un km después por fin alcanzaremos el Collado o Alto de la Gargantilla. Hasta aquí habran sido unos cinco kilómetros. Nos encontramos justo a los pies de Cueva Valiente, a cuya cima sube trabajosamente y con bastante más inclinación de la que hasta aquí hemostenido, una pista que nace en el mismo collado, pero que se queda pendiente para mejor ocasión.

Continuamos la pista, mientras seguimos ganando altura, hasta que, a algo más de un km encontremos una desviación a mano izquierda. Cogemos esta desviación, bastante más estrecha y en claro descenso. Si bien la dificultad es prácticamente nula, en caso de que la nieve no sea abundante conviene que vayamos con cuidado, dado que el firme no es muy bueno y abundan las piedras. En cualquier caso, será una agradable y tranquila bajada, a media ladera de la loma que durante la subida pudimos contemplar a nuestra izquierda.

Al cabo de 2 km, desde el último cruce, la pista nos situará sobre la loma. Justo en este punto encontramos una nueva encrucijada,  donde debemos girar a mano izquierda, lo que nos situará en una pradera de más que respetables dimensiones. Este es el punto más conflictivo de la ruta, dado que, como es lógico, la pradera estará cubierta de nieve y el trazado de la pista oculto por la misma. Para continuar tendremos que atravesar el llano en dirección sur, hasta dar con la continuación de nuestro camino, que continuará su descenso, hasta llegar a un nuevo cruce, en el que otra vez tendremos que decantarnos por el ramal de la izquierda.

Estamos muy cerca de la cola del embalse de cañada mojada, que desde aquí se ve perfectamente. Solo tenemos que remontar un breve repecho para reencontrar la pista que usamos durante la subida. Desde aquí unicamente tenemos que seguir las trazas de nuestros propios esquís, que nos harán volver, por terreno ya conocido, hasta el punto de inicio de la excursión. En total la ruta nos habrá llevado unas dos horas, dependiendo, claro está, del ritmo al que hayamos ido.

Texto y fotos: Hermano Mero

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SIETE PICOS Y EL CAMINO SCHMIDT

SIETE PICOS Y EL CAMINO SCHMIDT Aunque en Hermano Mero & Hermana Cabra tenemos preferencia por las rutas poco transitadas y alternativas a las más frecuentadas excursiones “normales” de nuestras montañas, sobre las que ya existe suficiente bibliografía, esta vez vamos a hacer una excepción y hablaremos de una de las cumbres más conocidas de la Sierra de Guadarrama; Siete Picos.

Los Siete Picos son visibles desde buena parte de la capital y desde los inicios del montañismo Castellano ha sido una de sus cumbres predilectas, convirtiéndose en “montaña iniciática” de sucesivas generaciones de excursionistas. Tanto la propia travesía de la montaña, como el camino Schmidt, la pradera de Navalusilla, el Collado Ventoso o la Ventana del Diablo son lugares de sobre conocidos por los habituales de estas sierras y sobre los que seguramente se han escrito miles de líneas. Sin embargo, por esa condición de “clásica entre las clásicas” y por nuestra predilección por las montañas situadas entre la cabecera del río Eresma y Guadarrama, en las que nos iniciamos en esto de recorrer montañas, no podemos evitar la tentación de proponeros esta marcha: El camino Schmidt y los Siete Picos, desde el Puerto de Navacerrada.

Iniciamos nuestro camino en el mismo Puerto, por la carreterita que junto a la venta Arias se dirige hacia la explanada del escaparate (pista de esquí de iniciación). En este punto se inicia el Camino Schmidt, señalizado en su comienzo con un cartel, y posteriormente mediante círculos amarillos en los árboles. Nada más comenzar el sendero encontramos una bifurcación; debemos coger el ramal inferior, puesto que el superior no es sino la abandonada pista de esquí de fondo de Navacerrada. Durante todo su recorrido el sendero transita por la parte alta del Pinar de Valsaín, con muy buenas vistas sobre el valle alto del Eresma.

Pocos minutos después del inicio, el sendero cruza la pista de esquí del bosque y el remonte que le da servicio las raras veces que funciona. En claro descenso llegamos a una primera vaguada, donde el camino cambia de dirección, hacia el noroeste.

A partir de aquí iremos atravesando toda la ladera norte de los Siete Picos, con continuas subidas y bajadas. Pasamos por encima de la pradera de Navalusilla y tres cuartos de hora, o una hora (dependiendo de nuestro ritmo)  después de haber salido de Navacerrada, llegaremos a una bifurcación de donde salen dos senderos, ambos señalizados con los mencionados puntos amarillos. Por un lado,y siguiendo aproximadamente hacia el norte y a la misma altura que traíamos hasta ahora, la senda de los Cospes que nos llevaría hasta el Puerto de la Fuenfría. Mucha gente confunde esta senda con el verdadero camino Schmidt, que es el ramal que parte más arriba y a la izquierda, en dirección al Collado Ventoso.

Subimos haciendo varios zigzag, para en 15-20 minutos aproximadamente llegar al collado, muy amplio y con un mojón de límite provincial en su centro. En este punto abandonamos el camino Schmidt, que por cierto, debe su nombre al austriaco Eduardo Schmidt, socio nº 13 del club 12 Amigos, quien en 1926 señalizó dicho sendero con la finalidad de unir el Puerto de Navacerrada con el albergue que su club, más conocido posteriormente como RSEA Peñalara, aún posee en el Valle de la Fuenfria.

Monton de Trigo y mujer muerta desde Siete PicosDesde el collado, tenemos que subir por la ladera que se encuentra al sur (la de Siete Picos), por un sendero no muy claro al principio, pero que poco a poco se va haciendo más evidente. Ojo, no confundir con la senda de los Alevines, que sale desde el mismo collado, llaneando hacia el sureste.

Poco a poco, vamos ganando altura, hasta que el sendero nos deposita en el collado que separa el Segundo Pico del Tercero.

El primer pico, o Pico Majalasna, está separado de los demás, mucho más abajo y al sur del segundo, por lo que no pasamos por el. En caso de querer hacerlo, desde el Collado Ventoso, en lugar de subir diréctamente, tendríamos que coger la senda de los Alevines hasta la pradera de Majalasna., donde se encuentra esta cumbre secundaria, que no es más que una agrupación de bloques de piedra. Desde la pradera, para retomar la ruta principal tendríamos que coger otro sendero que bordeando la pared del segundo pico por su derecha, sube hasta el mismo collado al que hacíamos referencia antes, el situado entre el segundo y tercer pico. Esta variante nos supondrá aproximadamente una hora más de camino.

Desde aquí hay que seguir el claro sendero que a veces por la parte más alta del cordal, a veces un poco más abajo, por la cara norte y en alguna ocasión pasando a la cara sur, recorre toda la montaña. La ascensión a cada una de las puntas es optativa, habiendo algunas que ofrecen cierta dificultad.

Ventana del DiabloEn cualquier caso, el segundo pico es asequible y bastante recomendable, por las vistas que tiene sobre el valle de la Fuenfría. El tercer pico, también conocido como la Ventana del Diablo, por tratarse de varios bloques de roca apilados a modo de enorme dintel, es más difícil de ascender.

Las vistas son espectaculares durante todo el camino; permitiendo ver la mole de Peñalara al noreste, el valle del Eresma y Segovia al norte, El Montón de Trigo al noroeste, y el Recuento de Siete Picos y la llanura Madrileña en los momentos que el sendero se asoma a la cara sur.

El sexto pico es muy sencillo de subir (el sendero prácticamente pasa por su cumbre), pero realmente no nos aportará nada en cuanto a vistas, siendo superado por el último de todos y más alto (2.138 m), el Séptimo Pico. Para ascender a el tenemos que seguir el sendero hasta situarnos justo debajo y al norte del bloque granítico que forma la cumbre principal de la montaña. Una vez allí, y por una especie de grandes escalones de roca, trepamos fácilmente, pero con cuidado a la cumbre, lo suficientemente ancha y cómoda como para que pasemos un tiempo en ella descansando, comiendo o simplemente disfrutando de las vistas. Desde aquí, además de todo lo citado anteriormente podremos contemplar la Maliciosa y las antenas de TV que hay en la cumbre de las Guarramillas, más conocida como “Bola del Mundo”.

Desde el Collado Ventoso habremos tardado unas dos horas, caminando sin prisas, restando solo regresar hasta el puerto de Navacerrada, que se encuentra al Oeste de nuestra posición.

maliciosaDesde la explanada situada bajo la cumbre solo tenemos que localizar el sendero que con bastante inclinación y entre el pinar, nos depositará en el Collado de Siete Picos. Desde aquí y por camino bastante ancho, recorremos el largo y achatado Alto del Telégrafo, en uno de cuyos bloques cimeros se sitúa una escultura de la Virgen de las Nieves.

De esta forma, llegaremos a la parte superior de la pista de esquí del telégrafo, por cuyo lateral (en caso de que la pista esté abierta para el esquí)  bajamos, sin posibilidad de pérdida  hasta el punto de inicio de nuestra excursión.

Desde la cumbre de Siete Picos habremos tardado aproximadamente una hora en bajar. En total la excursión nos habrá requerido unas 4 ó 5 horas de caminata.

DIFICULTAD: Sin nieve es una excursión sencilla; senderos bien señalizados y bastante transitados. Con nieve tampoco es que sea muy complicado, pero los crampones se hacen obligatorios por prudencia. Parece mentira, pero uno de los senderos más populares entre los madrileños, el Camino Schmidt, se convierte, precisamente por la enorme afluencia de gente en una auténtica pista de patinaje sobre hielo. Respecto a la zona de cumbres, no reviste ningún paso complicado, pero en caso de que exista hielo (cosa muy común), es mejor ir preparados para evitar cualquier resbalón. En esta época la subida a la cumbre principal suele complicarse, al cubrirse el bloque cimero de una costra de hielo. En ese caso, mejor dejarlo para mejor ocasión y disfrutar del resto de la excursión. Si queremos ascender a todos los Picos, tener en cuenta que algunos tienen bastante dificultad

HORARIO: Dependiendo de cómo nos lo tomemos, podemos plantearnos incluso hacerla en una mañana. Lo normal es tardar unas 4-5 horas, dependiendo de nuestro ritmo y las condiciones del terreno (nieve, hielo…)


DESNIVEL: Aproximadamente 500 m

CARTOGRAFÍA:
                          “Guadarrama” Editorial Alpina. 2004. Escala 1:25.000
                          “Sierra de Guadarrama”. Ed. La tienda Verde.2004. Escala 1:50.000 


CROQUIS: Gracias a Google Earth

Croquis Siete Picos

 

TEXTO Y FOTOS: Hermano Mero

 

ESQUÍ NÓRDICO POR EL PUERTO DE NAVAFRÍA

ESQUÍ NÓRDICO POR EL PUERTO DE NAVAFRÍA

No puede decirse que la Sierra de Guadarrama sea el mejor lugar para practicar el esquí nórdico, pero tampoco es cierto que no pueda hacerse en absoluto. De hecho, todos los que decidan entregarse a este deporte en nuestras pequeñas montañas tendrán que aceptar varios inconvenientes; por un lado, si quieres esquiar en circuito preparado, te verás limitado a los escasos cuatro km que existen, a tal efecto, en el Puerto de los Cotos, todo lo demás es terreno “salvaje”, es decir sin huellas trazadas y sin pisar. Por otro lado, esto no es el Pirineo, y por supuesto no nieva como allí. Tendrás poca nieve, y a veces tendrás que esquiar con un espesor ridículo, con el que en otras latitudes ni se plantearían sacar los esquís. Esto además conlleva otros “pequeños” inconvenientes, en forma de ramas, piedras y “calvas” que si no vas con cuidado y te dejas llevar por el ansia de velocidad pueden hacerte sentir lo duro que está el suelo. Y por último; cuando por fin cae nieve en suficiente cantidad, gracias a nuestro clima de extremos (noches muy frías y días soleados y calurosos), esta se convierte en hielo a las pocas jornadas.

Por todo lo demás, nuestra Sierra es perfecta, y si aceptamos esas estrictas condiciones podremos disfrutar de estupendos panoramas, pinares interminables, jornadas agotadoras sobre nuestros esquís y sobre todo de una tranquilidad completamente alejada de las multitudes que se congregan en Cotos, Navacerrada y Valdesquí.

Uno de los lugares más concurridos por los esquiadores de fondo en la Sierra de Guadarrama es el Puerto de Navafría, situado entre la segoviana localidad de idéntico nombre y la de Lozoya, en la Comunidad de Madrid. Los alrededores de este puerto, por su vertiente norte  conservan bastante bien la nieve, gracias a su altura, sus suaves pendientes y a estar cubierto completamente por un denso pinar. Si a esto unimos las numerosas pistas forestales existentes, ya tenemos explicación a la preferencia de los esquiadores por este lugar.

El acceso al puerto, debemos  realizarlo por la carretera que une las dos poblaciones antes mencionadas, pudiendo estacionar nuestro coche en el mismo alto, en una pequeña explanada situada frente a un refugio de bastante buena planta, pero, por desgracia, completamente abandonado.

Como curiosidad diremos que el muro de piedra situado al lado de esta explanada delimita un pequeño cementerio donde se encuentran enterrados soldados italianos muertos durante nuestra última guerra civil. Digo esto porque este lugar está cada vez más deteriorado y ya ningún símbolo indica que aquello sea un campo santo… Por lo que no me extrañaría que de seguir ampliándose esta explanada, algún año de estos termine por aparecer alguna “sorpresa  ósea".

Si no hemos madrugado mucho, y dado el pequeño tamaño de la explanada del puerto, es posible que no encontremos aparcamiento aquí. En ese caso también podemos dejar el coche en los márgenes de la pista forestal que se inicia en el mismo puerto, por su vertiente madrileña, o bien algo más abajo en un aparcamiento que existe en esta misma vertiente, o en sus alrededores, en caso de que el quitanieves no lo haya acondicionado (cosa bastante normal).

Una vez solucionado el problema del aparcamiento tenemos diversas opciones, pudiendo esquiar por cualquiera de las pistas que parten del mismo puerto. Sin embargo la más popular por su orientación y por conservar mejor la nieve, es la que parte en dirección noroeste, justo al lado del refugio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta pista, prácticamente horizontal, va bordeando un largo contrafuerte boscoso que se desprende desde una de las cotas secundarias del  Nevero hacia el norte. Tras varias subidas y bajadas bastante suaves, llegamos a un refugio-mirador desde el que tendremos unas vistas estupendas del valle de Navafría, la llanura segoviana y, en días claros, del Sistema Iberico, los Picos de Neila y Urbión.

 

 

 

 

 

 

 

 

Continuando por la pista, llegaremos a un cruce, situado en la cabecera de un pequeño arroyo y muy cerca del collado que forma la loma que veníamos bordeando y un pequeño cerro donde existe una torreta de vigilancia de incendios. Sin embargo, ni el collado ni la torreta son visibles, dado el espesor del pinar dentro del que nos encontramos.

Abandonamos la dirección que traíamos y tomamos una desviación a mano izquierda. En escasos diez metros existe una nueva bifurcación. Una de las pistas, la que nace más a la izquierda, está menos marcada y tiene mayor pendiente siendo más complicada, por lo que  requiere un mejor nivel de esquí, sobre todo para bajar por ella. La que parte a la derecha, prácticamente horizontal, es la que tomaremos en esta ocasión. Hemos cambiado casi completamente la orientación de la marcha. Si hasta el cruce nos dirigíamos hacia el norte, ahora vamos en dirección suroeste, faldeándo la misma loma que antes, pero en su vertiente contraria.

 

Tras recorrer algo más de un km, llegamos al fondo de una vaguada y la pista cruza el arroyo, tomando dirección noroeste.  Al poco rato cruzamos otro riachuelo, menor que el anterior, pero a partir del cual la pista adquiere progresivamente mayor inclinación. Estamos ganando altura por la ancha loma que se desprende desde la misma cumbre del Nevero hacia el norte. En aproximadamente km. y medio desde el último arroyo la pista hace una curva muy cerrada y continua su ascensión hasta un collado situado a 2016 metros de altura.

Desde este collado podemos ascender por la loma hasta la cumbre del Nevero, situada a 2.208 metros. La inclinación no es demasiada, pero debido a que a partir de esta altura el pinar desaparece y el terreno está completamente despejado, podemos encontrarnos con nieve muy dura. En caso de niebla tampoco es aconsejable la subida, dado que podríamos salirnos de lo alto del cordal y meternos en terrenos bastante más inclinados. Si finalmente decidimos hacer cumbre, lo mejor es volver por el mismo camino de subida.

Una vez que estemos de nuevo en el collado seguiremos la pista, que cruza la loma e inicia un largo descenso, con tres curvas muy cerradas.  Después de la última de estas curvas, la pista continua bajando fuertemente, en dirección noreste, hasta encontrar un marcado zigzag, tras el cual llegamos a un nuevo cruce.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En este cruce giramos a la derecha y dirigimos nuestros pasos, mediante varias subidas y bajadas hacia el fondo de la vaguada (sureste)., que alcanzamos en unos dos km, aproximadamente. En este punto encontraremos un pequeño refugio forestal y varios cruces de pistas; una de ellas continúa descendiendo, en dirección norte paralela al arroyo, para bifurcarse un poco más abajo del refugio. Otra más, la que sale a mano derecha (noreste) y por la que seguiremos, gana altura poco a poco, trazando una amplia curva, hasta depositarnos en el primer cruce que nos encontramos durante nuestra jornada de esquí.

Desde aquí solo resta volver al Puerto de Navafría por terreno ya conocido. En total, esta ruta circular nos habrá llevado una jornada entera (sin prisas) y tiene unos 22 km de longitud. No es la única ruta con esquís nórdicos que se puede hacer en esta zona, aunque si la más completa, y muy indicada para comenzar a conocer estos parajes.

Texto: Hermano Mero

Fotos: Hermano Mero, Hermana Cabra y Paco GS

 

PEÑA DE LA CABRA POR SU VERTIENTE SUR

PEÑA DE LA CABRA POR SU VERTIENTE SUR “Sierra Pobre de Madrid” es una forma bastante poco original de definir al grupo de montañas que, desprendiéndose del macizo principal de Ayllón se encuadran entre el curso medio del río Lozoya y el alto del Jarama. Sin embargo, este nombre tiene su razón de ser en la despoblación, el menor grado de desarrollo económico, menor dotación de infraestructuras, y de afluencia de turismo que sufre esta zona, en comparación con sus vecinos de la Sierra de Guadarrama… Y todo ello a menos de 100 km de la capital.

Todo esto conlleva que el caminante se encuentre con una naturaleza bastante salvaje y bien conservada, con pocos senderos, y escasez de visitantes.

En esta ocasión vamos a ascender a la cumbre de Peña de la Cabra, cumbre bastante visible desde casi todo el Valle de Lozoya, y situada en el cordal occidental de la herradura, o circo montañoso que rodea Puebla de la Sierra, y que de forma redundante se conoce como “Sierra de la Puebla”.

Si bien esta montaña es bastante visitada por la ruta que partiendo del Puerto de la Puebla, recorre su vertiente norte, la ruta que vamos a hacer nosotros es inédita y poco conocida, transcurriendo en parte fuera de sendero. Para ello tendremos que acercarnos a la vertiente sur de la montaña, desde la población de El Berrueco, o desde Manjirón, para después tomar la carretera que desde Robledillo de la Jara se dirige hacia La Puebla. Después de subir un pequeño puerto, la estrecha carretera comienza a descender hasta el Arroyo Riato. Ya durante la aproximación en el coche podremos disfrutar de unas estupendas vistas sobre el estrecho desfiladero al que descendemos.

Podemos dejar los coches nada más cruzar el puente que salva el escaso cauce. Justo a su lado existe una fuente adosada a un depósito de agua, y una pequeña explanada para unos tres vehículos.

Comenzamos a caminar siguiendo la carretera, hasta alcanzar una curva a la izquierda bastante cerrada y que atraviesa un espolón rocoso. Trepamos por el talud de la carretera y seguimos el espolón.

El terreno esta cubierto de roca y jara, no existiendo sendero, por lo que tendremos que buscar el terreno más cómodo para avanzar. En cualquier caso no hay duda de la dirección; siempre hacia arriba, siguiendo el cordal secundario sobre el que nos encontramos.

Llega un momento en que la pendiente pierde inclinación y el terreno se despeja en las cercanías de un pequeño resalte en el cordal (cota 1.387). Desde este punto y por primera vez en nuestro recorrido podemos ver el primero de los escarpados circos que delimitan la vertiente oeste de Peña la Cabra.

Podemos recorrer el mencionado resalte por su parte más alta, o bien rodearlo por el borde del pinar que existe a su derecha (sur). En cualquier caso llegamos a un collado que precede al Horcajo Cimero (1.669 m), ya en el cordal principal de Peña Cabra.

Desde el collado donde nos encontramos, esta cota tiene la apariencia de una pared rocosa y descompuesta, aunque si nos acercamos más, veremos que su inclinación es menor de lo que aparenta. Sin embargo, la mejor forma de acceder a lo alto de la loma principal es por una ancha canal, herbosa en su parte baja y rocallosa en la alta, situada a la izquierda de esta pared. Ascendemos por la canal, que en fuerte pendiente nos deposita al norte de la cumbre del Horcajo, en el amplísimo Collado Llano. Hasta aquí habremos tardado una hora y media aproximadamente desde el inicio de la marcha.

Desde este Collado podemos observar la asimetría de esta montaña; por un lado su vertiente este, la que da al río de la Puebla, es una loma redondeada cubierta de pastos y bosques de repoblación, mientras que la vertiente oeste es mucho más vertical y abrupta.

También podremos observar desde aquí la respetable cuesta que nos va a tocar subir, unos 250 metros de desnivel en un corto espacio, pero tras la cual habremos finalizado la parte más dura del recorrido. Así pues, atacamos la pendiente, bien por los restos de sendero que se aprecian por la ladera de la derecha, o bien por su parte más alta, que aunque resulta más incómoda, nos deparará unas vistas mucho mejores.

Cuando hayamos sobrepasado la parte más inclinada de la loma, esta se estrecha, afilándose por su parte más alta, lo que nos exigirá en algún momento ayudarnos de las manos. Sin embargo nunca nos llegará a presentar verdaderas dificultades, dándonos más diversión que problemas (eso si, siempre que no haya hielo, cosa por otro lado extraña, dada la escasa altura de este macizo). En cualquier caso, si en algún momento preferimos evitar la facil cresta, solo tenemos que perder algo de altura hacia nuestra derecha, para continuar ascendiendo por el senderillo que a media ladera se dirige hacia la cumbre.

Pasamos por un par de resaltes adelantados hacia el oeste, por lo que merece la pena acercarse a ellos, dado que las vistas sobre las llamadas “canales de Peña Cabra” son impresionantes. Realmente el terreno parece propio de altitudes mucho mayores. Llama especialmente la atención una larga y afilada cresta que casi desde el fondo del valle sube hasta nuestra altura, definiendo claramente dos circos; el primero que ya habíamos visto antes y otro, si cabe más vertical que el anterior, situado entre esta cresta y la cumbre principal de la montaña.

De esta forma, al cabo de otra hora y media aproximadamente (a paso relajado y disfrutando del paisaje), desde Collado Llano, llegaremos a la amplia cumbre de Peña Cabra (1.831 m), donde existe un vértice geodésico. Desde Collado Llano hasta aquí, habremos tardado una hora y media aproximadamente, a paso tranquilo.

Las privilegiadas vistas que desde aquí tenemos abarcan, desde los montes adyacentes al pantano del Atazar, al sur, todo el valle del Lozoya al Oeste, y el macizo de Ayllón al norte, hasta el cordal del Porrejón, Tornera y Centenera, hacia el este, al otro lado del valle de la Puebla.

Para descender debemos dirigirnos hacia una canal, ocupada por una pedrera, que tiene su inicio unos cuantos metros al noreste de la cumbre. Descendemos por la pedrera con facilidad, gracias al sendero bien trazado que recorre su lado derecho, hasta llegar a las amplias praderas del collado que se extiende bajo el pico. Desde aquí, la cara norte de Peña la Cabra parece una reproducción a pequeña escala de algún pico Pirenaico, con sus dos características pedreras flanqueando la pared rocosa que cae desde la cumbre.

Continuamos en dirección noroeste, siguiendo el cordal, bien por su parte más alta, o bien a media ladera, por sendero muy marcado y cómodo, traspasando una altura secundaria (cota 1.712), hasta llegar a otro amplio collado, el de la Tiesa, atravesado por una pista forestal.

Seguimos la pista, que abandona lo alto del cordal para dirigirse hacia la cabecera del valle del Arroyo Riato, por el que poco después descenderemos. Dicha cabecera; un pequeño collado hasta donde llega el pinar de repoblación, separa Peña El Aguila de la cuerda que desde Peña Cabra se dirige hacia el Puerto de la Puebla. Pocos metros antes de dicho collado encontramos un cruce de pistas (media hora desde la cumbre); una lo cruza, y en dirección norte se dirige al mencionado puerto, la otra, que es la que seguiremos, se interna en el bosque, descendiendo hacia el sur, por la ladera izquierda del valle.

Encontramos dos cerradas curvas, una primera a la derecha y posteriormente otra a la izquierda, de las que parten otras tantas pistas secundarias. Proseguimos sin hacerlas caso, perdiendo altura poco a poco por nuestra pista, que traza una larga diagonal bajo la ladera de Peña Cabra. Encontramos varias curvas más y un nuevo desvío, que de nuevo ignoramos, tras lo cual, la pista pierde altura de forma más acentuada, dirigiéndose al eje del valle, hasta cruzar el arroyo que lo surca. A los pocos metros encontramos un depósito de agua con fuente, donde podemos recargar nuestras cantimploras.

Continuamos recorriendo la pista forestal, que ahora alterna leves bajadas y subidas, por la ladera contraria a la que traíamos hasta ahora, bajo la cuerda que baja de Peña del Aguila. La pista es larga y monótona, pero al menos tenemos unas impresionantes vistas de los farallones de Peña Cabra. Finalmente, al cabo de unas dos horas desde el cruce donde comenzamos el descenso por el valle, encontramos un cortafuegos que recorre una amplia loma.

Descendemos por el cortafuegos castigando nuestras rodillas, y echando los últimos vistazos a la montaña que hoy hemos subido, hasta que de repente acaba a unos 60 metros sobre la carretera, donde podemos ver nuestros coches. Abandonamos el cortafuegos, bajando sin sendero por la parte derecha de la loma, que está más despejada de matorral, para finalmente, después de destrepar por donde mejor veamos el talud de la carretera (no es complicado), llegar a los coches y dar por concluida nuestra excursión.

DIFICULTAD: Escasa, salvo por el hecho de transcurrir fuera de senderos durante su primera parte, lo que nos obligará a tener buen criterio a la hora de buscar el mejor itinerario. La dificultad puede aumentar considerablemente en caso de introducirnos en las canales y crestas de la cara oeste de Peña Cabra, o en caso de que exista hielo… Aunque dada la escasa altitud de este macizo esta situación raramente se dará.
HORARIO: Unas seis horas, sin contar paradas.
CROQUIS: GOOGLE EARTH
CARTOGRAFÍA: “Sierras de Ayllón y Ocejón”.La Tienda Verde. Año 2002. Escala 1:50.000

Texto y fotos: Hermano Mero
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